| —Itaca | ||
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
Pide que el camino sea largo.pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!- a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios. Ten siempre a Itaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Itaca te enriquezca. Itaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte. Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Itacas. C. P. Cavafis. Antología poética. Alianza Editorial, Madrid 1999. Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña
Ulises, atado al mástil, escucha el canto de las sirenas (Cerámica griega)
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Lecturas a la hora del té
(Pintura de Vicente Romero)
miércoles, 6 de abril de 2016
ITACA (Poema de CAVAFIS)
domingo, 20 de marzo de 2016
POEMAS DE PRIMAVERA (DEL LIBRO LA CASA DE LAS MIL ESTANCIAS)
(Acuarela de Mercedes Ares)
POEMAS DE PRIMAVERA
I
Deshielan las montañas,
crece el caudal,
reverdecen los campos.
II
En las flores abiertas
liban las abejas,
bullicio en el panal.
III
Eclosionan los huevos,
los pollos pían.
A sus picos, lombriz.
IV
Puñados de cerezas
cuelgan del árbol,
sustento del pájaro.
V
Colorean los campos
cerezos en flor.
Fiesta de primavera.
I
Deshielan las montañas,
crece el caudal,
reverdecen los campos.
II
En las flores abiertas
liban las abejas,
bullicio en el panal.
III
Eclosionan los huevos,
los pollos pían.
A sus picos, lombriz.
IV
Puñados de cerezas
cuelgan del árbol,
sustento del pájaro.
V
Colorean los campos
cerezos en flor.
Fiesta de primavera.
viernes, 11 de marzo de 2016
III ENCUENTRO DE ESCRITORES CANARIOS
Estaré en el Encuentro de Escritores Canarios el próximo día 23 de abril, sábado, a las 11: 00 de la mañana en la carpa de la Librería El Candil. Les espero.
martes, 8 de marzo de 2016
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
Video-Poema. Poema de Jenny Londoño, poeta ecuatoriana, en la voz de Mercedes Pérez y música Carmina Burana.
Hoy,
día 8 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer.
Pero,
¿qué es conmemorar? ¿Acaso es realizar una fiesta? ¿Es preparar
una buena comida y disfrutar de bailes y regalos? Todo ello es lícito
si no dejamos atrás el verdadero significado de conmemorar. Según
el diccionario de la R.A.E., conmemorar es
hacer memoria.
Hacer memoria de que si hemos llegado hasta aquí,
ha sido gracias a la lucha y el trabajo realizado por miles de
mujeres que dejaron sus vidas en el camino por conseguir la igualdad
de derechos entre mujeres y hombres.
Hacer
memoria de cómo viven nuestras hermanas del resto del mundo que aún
son obligadas desde la niñez a que se les practique la ablación, a
casarse prematuramente, a realizar trabajos forzados o a prostituirse
y a tener hijos que después no pueden alimentar. No tienen control
sobre sus cuerpos ni sobre sus vidas, no poseen educación ni
libertad. Sin embargo, hay que destacar que las mujeres trabajadoras
rurales son responsables de las tres cuartas partes de la producción
mundial de alimentos.
Conmemorar
que las mujeres de nuestra sociedad, llamada “del mundo
civilizado”, aún siguen muriendo víctimas de violencia de género,
siguen sufriendo en silencio el poder dictatorial de sus parejas,
víctimas de malos tratos físicos o psicológicos, con sus corazones
apretados con alambres de púas hasta el desangre.
Hacer
memoria de que las mujeres desempeñan altruistamente la mayor parte
del trabajo en la atención y cuidados de personas discapacitadas, de
las cuales las instituciones no quieren hacerse cargo.
Conmemorar
que en pleno siglo XXI en España no se ayuda a que la mujer
trabajadora pueda conciliar su trabajo con su familia y que al llegar
a casa, tras su jornada laboral, se siga ocupando de los hijos y de
las labores domésticas en un tanto por ciento muy elevado con
respecto al hombre.
Hacer
memoria de que nuestras madres, hermanas, esposas, hijas o nietas
tienen que trabajar 14 meses para recibir, por el mismo puesto de
trabajo, la retribución económica que reciben nuestros padres,
hermanos, esposos, hijos o nietos por 10 meses trabajados, haciendo
hincapié en que las mujeres realizan dos tercios del trabajo en el
mundo y sólo poseen el 1% de los bienes del mismo.
Alcemos
nuestras voces para conseguir que las mujeres posean educación,
trabajo y puedan controlar sus ingresos para que se beneficie por
entero la sociedad. Porque si sus hijos y sus familias están mejor,
el pueblo prospera y prospera el país y el mundo.
Se
necesitan más mujeres que lideren el mundo y hombres con mente
abierta a la igualdad de género para realizar los cambios
fundamentales en nuestra civilización. Nuestras descendientes se
merecen que luchemos y les dejemos un mundo mejor y en igualdad.
Cuando
no haya que conmemorarse este Día Internacional de la Mujer, será
señal de que lo habremos logrado.
sábado, 20 de febrero de 2016
EL BROCAL DE MI POZO
Extraigo mi esencia del interior de mi pozo. Mi mundo diluido con el agua espera en un cubo sobre el brocal. Que se sirva y beba todo el que pase y tenga sed.
jueves, 4 de febrero de 2016
HIJO DEL VIENTO
(Pintura de Constantin Kacev)
Lo
vistieron con el nombre de Ian Sharp, porque su nombre de pila no era
propio de los cultos, con un traje como el de las naciones del norte
y con un lazo de color al cuello que llamaban corbata y que él
asemejaba con las ataduras para el ganado. Había sido parido hacía
trece años en el sur del mundo, donde en verano se moría de frío y
en invierno acudía a la playa. Él, que había sido el amo del
correr descalzo ahora era obligado a calzar rígidos zapatos de
charol negro, duros como caparazones de tortuga. El día que llegó a
su nuevo hogar, un ático de lujo en la Quinta Avenida de la Ciudad
de los rascacielos, se desmayó al salir del ascensor porque había
subido a las alturas y no observaba las montañas ni los caminos de
piedras para correr. Le habían robado la identidad al hijo de los
vientos.
miércoles, 6 de enero de 2016
LOS REYES MAGOS
Hoy día 6 de Enero vendrá la noche donde todos seremos niños de nuevo. No puedo estar más agradecida a la vida. Nací en el seno de una familia de unos padres que me amaron por encima de todo y que hicieron de mí la mujer que soy, voluntariosa y con salud de hierro (de no ser así, no habría superado las garras del extraño). Tuve la suerte de saber elegir al hombre que es mi compañero y me demuestra que me ama por encima de sí mismo. Cuatro hijos como cuatro soles y cuatro nietos que son la alegría de la casa. Lleno mi mundo con la escritura y tengo el privilegio de que los amigos de aquí indiquen que les gustan mis escritos. Dios debe tenerme en alta estima porque me siento privilegiada. Los Reyes Magos hace tiempo que me han traído todo en la vida. ¿Qué le pidieron ustedes a los Reyes Magos?
miércoles, 30 de diciembre de 2015
BIENVENIDO 2016
Querido
Nuevo Año 2016, estás a punto de nacer y el mundo por entero se
amontona en la sala de espera contigua al paritorio con los ojos de
la esperanza puestos en ti. Pero tendrás una vida tan corta y una
carga de plomo tan grande sobre la espalda de tu almanaque que a buen
seguro te será imposible acabar con todos los males terrenales que
en herencia te han dejado los calendarios desgajados. Pero sí que
podrías llegar a ser un buen año, el mejor de todos, el pionero de
la saga de tus herederos, si propusieras ciertos cambios que tanto
necesita este planeta color príncipe de cuento.
En
primer lugar, podrías hacer uso de una balanza, no hace falta que
sea muy grande sólo que haya sido bien calibrada, para que se
repartan por igual el agua y los alimentos entre todos los
habitantes, sin atender a razas, nacionalidades ni religión.
En
segundo lugar, te recomiendo una buena escoba de las que están
hechas con hojas secas de palma, las usadas por barrenderos porque
son las que mejor se llevan la suciedad más acumulada. Pues bien,
con una de ésas podrías barrer las grandes injusticias que a diario
soportan los sectores más débiles de la población: ancianos,
niños, enfermos y minusválidos, como consecuencia de la avaricia y
egoísmo de las clases de poder; y varios camiones de basura para
abandonar en el PIR a los mayores defraudadores que jamás haya
tenido este País.
Y, en
tercer lugar, ¿Podrías hacer que los dictadores y amigos de las
guerras nacieran sin ombligo? Así dejarían de mirárselo y, quizás,
tal vez, se fijaran en el ombligo de las posibles víctimas.
Apenas
unas contracciones más y te tendremos muy pronto en nuestros brazos.
Todas las esperanzas puestas en ti.
BIENVENIDO
2016.
lunes, 28 de diciembre de 2015
LA CASA DE LAS MIL ESTANCIAS
La casa de las mil estancias
Carmen Marina Rodríguez Santana
Santa Cruz de Tenerife; Las Palmas de Gran Canaria: Idea; Santa cruz de Tenerife:
Aguere, 2014
Sinopsis: un libro de poemas dividido en ocho estancias en donde como una
adolescente evoca a la vida, y espera desde su casa sin ventanas, mientras la golpean
las palabras. La estancia en poesía es un tipo de estrofa que surgió con fuerza en el
Renacimiento, pero las "estancias" de Carmen Marina no tienen ninguna relación con
esas estrofas sino que pertenecen al espacio privado de la poeta, a los laberintos
íntimos, al de su poesía y sus relatos. Pertenece a las estancias en donde ella convive
con el verbo que siempre es mágico, con la fórmula del lenguaje evocador y revelador,
con esas esencias que la hacen soñar. Con un lenguaje en el que ella se adentra como
testimonio de vida.
CP ROD cas
http://www.bibliotecaspublicas.es/tenerife/publicaciones/CANARIAS_SEPTIEMBRE.pdf
martes, 22 de diciembre de 2015
TOCANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO (UN CUENTO DE NAVIDAD)
Mama take this badge from me
I can´t use it any more
It´s getting dark too dark to see
feel like I'm knocking on heaven's door.
Knockin' on heaven's door (Bob Dylan)
No sé si esta canción me eligió a mí o yo la elegí a ella pero
la escuché el 31 de octubre, Día de los Muertos. Unas luces que
deslumbraban desde el techo me despertaron y me observé acostada
transversalmente sobre la camilla y la cabeza colgando por uno de sus
laterales. Indudablemente, me había desmayado. Me sentí algo
confusa y me asaltaba constantemente la canción Knockin' on
heaven's door que
había escuchado en el coche que
me llevó hasta Urgencias del Hospital. Tras varias pruebas y mucho
tiempo de espera, el neurocirujano me notificó que un extraño ser
habitaba mi cerebro y que debía ser operaba, con el riesgo que
suponía, o no habría solución. Acepté mal la noticia, no por mí
sino por tenerlo que comunicar a mi familia, de ahí el desmayo.
Había entrado en un pozo de
petróleo del que era imposible salir por mi misma. Un útero negro y
grasiento se fue haciendo con mis recuerdos, con mi nombre,
quitándome la comprensión de la lectura, dejándome sin saber
escribir y sin saber cómo poder hablar para ser entendida con
coherencia. Se adueñó de mi ser y me dañó lo más importante: mi
Yo. El útero de petróleo iba cubriéndolo todo y, desde unos días
antes de la operación dejé de preguntarme, de sufrir; vivía feliz
porque ya no entendía ni existía y reía como si todo fuera
maravilloso, incluso lo hice cuando me miré al espejo y me habían
afeitado la cabeza. El pozo era un alienígena que me atrapó y me
convenció de que mi renuncia me transformaría en una mujer más
feliz si no luchaba en su contra: era mucho más cobarde pero más
cómodo. Pero algo curioso sucedía, estando despierta, yo ya no era
yo. Pero cuando dormía recordaba la última canción Knockin'
on heaven's door o recitaba mis
poemas. El extraño nunca pudo entrar en mis sueños, no sabía que
existían ni se imaginaba que serían mi fuerza para subir la
escalera de la que tiraba mi marido desde arriba y yo ponía mi ganas
y actitud para subir. Incluso tuve tropiezos y algunos peldaños se
hicieron añicos pero nunca pensé renunciar. La
longitud del pozo me llevó catorce meses y salí alumbrada como un
parto ansiado. Miré a mi alrededor y observé que mi nueva vida
comenzaba en Navidad.
martes, 24 de noviembre de 2015
DÍA MUNDIAL DE LA PALABRA 2015
(Foto de Chema Muñoz)
Él
despertó del coma cuando la vieja canción dejó de sonar. Ella le
aguardaba refugiando la cabeza muerta entre su mano y la cama.
lunes, 2 de noviembre de 2015
EL PAÑOL ESTANCO
(Toledo Spirit)
GRACIAS A TOD@S POR VUESTRAS PALABRAS DE ALIENTO Y CARIÑO. HOY, EN ESTE PRIMER CUMPLEAÑOS, LES OBSEQUIO CON EL PRIMER RELATO CON EL QUE OBTUVE MI PRIMER PREMIO EN EL IV CERTAMEN DE DE RELATOS BREVES DE EL ROSARIO (TENERIFE). ESPERO QUE LES GUSTE.
EL PAÑOL ESTANCO
Te descubres destapado sobre el lecho de una extraña habitación, abres los ojos y sonríes porque un rayo de sol intruso se ha colado por tu ventana y te acaricia tibiamente tu mejilla. Tardas tanto en incorporarte calculando qué músculo o hueso dolorido moverás a continuación que cuando quieres jugar con las minúsculas motas de polvo en suspensión ya se han escapado con la dirección de la luz a otro lugar y te es imposible atraparlas.
Intentas aliviar de pie tu rebosante vejiga pero te resulta un acto doloroso y sólo consigues que se escape un tímido goteo. Te sientas en la taza del inodoro a ver si de esa forma consigues expulsar todo lo que necesitas pero no hay manera. Finalmente, asomas tu viejo rostro al espejo, abres la palanca del grifo, apoyas tu pene desnudo sobre el lavabo y te alivias al tiempo que aplicas sobre tu cara la misma espuma de afeitar de siempre. También la maquinilla es la de siempre y misma es la mancha oscura del espejo, allí donde el cristal ha perdido su azogue. A pesar de la maestría que has adquirido en el movimiento tantas veces repetido, las líneas de ambas patillas no te quedan simétricas. Tiemblas y te invade un escalofrío que te recorre por completo la espina dorsal porque has logrado orinar y, con ello, aliviarte por completo. Sonríes al observar cucharadas de espuma del afeitado nadar sobre el líquido amarillento semejando barquitos de merengue sobre natillas. Recuerdas que alguna vez te llegó a gustar ese postre.
Intentas calzarte los zapatos pero no atinas con el agujero de la hebilla. Tus manos temblorosas no aciertan y tu maltrecha vista tampoco ayuda. Después de varios minutos de intento, decides continuar descalzo y abandonas la habitación. Por el pasillo te cruzas con enfermeras que articulan tu nombre:
Buenos días, don Antonio, ¿chocolate? -, te ofrece la auxiliar intentando parecer risueña al sacar de su bolsillo una tableta envuelta en papel de aluminio.
¿Chocolate? – repite – Recuerde que en el Centro está prohibido fumar.
¿Chocolate? ¿Cigarrillos? Realmente no sabes si te apetece chocolate ni si alguna vez has llegado a encender algún tipo de cigarro y evades la pregunta ignorando quién es ella ni de qué te conoce y acelerando tu marcha dando pasos muy cortos pero muy rápidos con los que parece que aumentara tu inquietud por algún peligro solapado. A distancia de varios segundos después, aminoras el paso, evades el tema concediéndole la misma importancia que un niño a su vejez, y pulsas el botón de llamada del ascensor.
En la planta baja del Centro hay bullicio de gente que va y viene y te incomoda. Enfermeras que caminan rápidamente, casi corriendo; enfermos en pijama paseando a sus sueros colgantes en percheros con ruedas que manejan con una sola mano; visitas que persiguen las marcas sobre el suelo que dirigen hasta el ascensor... Tu respiración se ha alterado levísimamente: un respingo, el deseo de algo sencillo, la soledad. No lo sabes pero nunca te gustaron las aglomeraciones. Por tanto, no fuiste hombre de jolgorios, ni de fiestas, ni de grandes celebraciones familiares. Te acostumbraste a tu soledad cuando ésta se inoculó en ti y para siempre has vivido a merced de su virus. Es por ello que buscas la salida con ese radar agazapado bajo el iris de tu inteligente mirada que otea tras las gafas de pequeños cristales transparentes. Por fin, te encaras con la puerta principal del Centro y te adentras en el exterior siguiendo los trinos de un pajarillo que has visto sobre el árbol de la esquina. Crees recordar que en algún tiempo de tu vida diferenciabas las distintas especies de aves pero te es imposible evocar el nombre del que tienes más cercano. Increíblemente, el pajarillo te trae aromas de jazmín y de hierbabuena, de tierra mojada por la lluvia horizontal, de tomillo y de hinojo. Sigues mirándolo picotear las semillas del aloe vera y continúas disfrutando el olor.
Más intenso que el aroma de los platos del día en los fogones de la cocina era el olor emanado por los gases del petróleo que taladraba el estómago. No por más repetida que fuera la faena, terminaban los hombres por acostumbrarse. A la altura de las coordenadas terrestres donde por el Atlántico africano se cruza la imaginaria del Ecuador, el húmedo clima convertía el olor en hedor. Se atrofiaban las actividades mentales, siendo imposible intentar depositar los recuerdos en tierra firme porque las náuseas impedían el traspaso. Con un infinito monocromático azul en trescientos sesenta grados, el verde era el color del recuerdo y del objetivo, de lo dejado atrás y del porvenir; era el color que no era pero se sabía sería. Era el pañol de la lírica en el estanque más oculto en la memoria de los marinos que contrarrestaba con el pañol azul dramático que a capricho se depositaba en la memoria de cada cual. Terminada la faena del día, llegaba lo peor dentro de la soledad del camarote: la nostalgia. Las palabras no expresadas, los sentimientos envasados y los silencios exagerados terminaban por calar en los hombres de la mar y surgir espontáneamente más tarde, a destiempo, en tierra firme por inercia. Esta minusvalía atrapaba a los marineros en una dualidad contradictoria por la que quedaban condenados a perpetuidad a que cuando querían no podían, y cuando podían... no podían. Su medicina y mejor salvoconducto para salir de sí, era soñar; única posesión que nadie podía arrebatarles. Por eso, se decía, se comentaba, que la razón por la cual la mar era tan profunda y poseía tanta fuerza era porque se había alimentado de los sueños de los marineros durante toda la historia de la humanidad; y es que no existía alimento que diera mayor vigor que el de los sueños.
Transcurrida una cuarentena en el buque - tanque, el ímpetu por el trabajo mermaba, las fuerzas flaqueaban y las ansias aumentaban. Restaba sólo un día para alcanzar la boya africana y los hombres de la fonda trabajaban a destajo acopiando víveres desde las gambuzas a las tripas del monstruo: la máquina. Conocedores de las costumbres locales en virtud de las cuales subirían a bordo las autoridades extranjeras nativas e incautarían la mitad de la provisión disponible, su supervivencia para la vuelta pasaba por esconder todo lo posible para evitar se les saqueara más de la cuenta. Y era allí, entre calderas, donde los víveres eran guardados a tan buen recaudo como el crudo en los tanques.
Una maltrecha y descolorida falúa portando media docena de hombres se acercó al buque por estribor. Saltaron a la desplegada escala para lograr alcanzar la cubierta. Insertos en desiguales y raídos uniformes cuyos colores y suciedad no destacaban envejecidos como estaban de tanto uso propio y ajeno, llevaban como complemento fusiles de repetición en indiscutible señal de poder. Se alzaban en diferentes alturas hasta el nivel de sus gorras en las que relucían sobre el negro agrisado manchas en negro alquitrán propias de grasa perenne. Un joven tercer oficial, recién licenciado en Náutica, les recibió en cubierta y les condujo hasta el salón de oficiales donde aguardaba el Capitán del buque. En un acelerado inglés uno de los nativos que parecía estar al mando pedía comprobar la documentación completa de todos los tripulantes. Así como se conocía que en las compras de los países del Magreb era obligado el regateo, también era conocido lo que transcurría a continuación con las autoridades nigerianas: poner pegas en menudencias para incautar lo máximo posible del barco. Aquellas tarjetas de embarque y pasaportes estaban rubricados con tintas negra y azul por lo cual ante sus ojos no serían válidas hasta que se les ofreciera algo más que lo acordado por costumbre. Pretendían llevarse el total de víveres. El Capitán se negó en rotundo al chantaje, decisión que lanzaba la patata caliente sobre el tejado de las autoridades nigerianas que ahora se encontraban en la disyuntiva de continuar con el farol o retroceder. Los nativos perdieron los nervios y comenzaron a discutir entre ellos en una lengua ininteligible por medio de la cual acordaron volver a tierra y no permitir fuera suministrada la carga. La preciada carga. La carga por la que se movía el mundo. La que enfrentaba naciones o lograba acuerdos internacionales, la que fluctuaba la bolsa y economía de los países, la que proporcionaba Energía con mayúsculas. La todopoderosa carga. Era irrisorio percatarse de cómo los restos y sedimentos de seres vivos de millones de años atrás tuvieran tal poder sobre los humanos que en esta era se mataban entre sí por ellos. Podría simplificarse afirmando que los vivos vivían y morían por el poder de los muertos.
Así fue decidido por parte de las autoridades del país pero querían llevar un as bajo la manga: el Capitán del barco debía acompañarles a tierra. El “Viejo” no se achantó, muy por el contrario, encabezaba la comitiva. Relegando su cargo sobre el primero de a bordo, dejó tras de sí algunas órdenes. La primera y principal fue la de que alejaran de inmediato el buque de la costa en cuanto él abandonara el barco, ya que estaba expuesto a que lo abordaran ladrones que subían a través de los amarres del ancla para hacerse con estachas, escalas, mamparos y todo el material que encontraran a su paso para después venderlo a buques de bandera de conveniencia que no poseían escrúpulos en comprar material robado. Bajó presuroso la escala del barco y saltó a la mugrienta falúa con el ímpetu de los protagonistas de las películas de batallas aunque una vez llegados a puerto las cosas pintaron de distinta manera. El Viejo, que lo era por cargo mas no por edad, observó en aquellas extranjeras calles el poder déspota y absoluto de las autoridades quienes se abrían paso entre la suplicante ciudadanía a golpe de fusil o a patadas. El pueblo famélico se concentraba a pie de muelle a la expectativa de los víveres incautados en los petroleros para paliar la hambruna del día pero en esta ocasión no había habido suerte. Y si el pueblo había quedado frustrado, las autoridades sumaban su frustración al poder; cuya mezcla procesaba un peligroso explosivo.
La existencia del Capitán fue abandonada dentro una insalubre mazmorra cuyo ambientador era una pócima de orín viejo, vómito y excremento que le impedía respirar así que se dijo a sí mismo que debía salir de allí si no con su cuerpo sí con su mente y evadirse rememorando a su esposa, a su hijo, a sus perros, a su casa, a su jardín. El jardín donde había plantado una guardería de árboles frutales y esperaba que para su jubilación ya estuvieran en bachillerato, con macetones de agradecidos geranios por frontera que inundaban la vista de color. Atraídos aparecían los pajarillos que respondían al silbido de su interlocutor, picoteando las migas de pan depositadas sobre el poyete con premeditación. Allí pasaba las horas como minutos hasta que el astro guardián ascendía hasta su cumbre y le exigía entrar en la casa. Desde su niñez soñó esa casa. Una casa de tierra y arraigo donde echar raíz, donde nacieran sus hijos bajo el amor de su esposa. Un lugar estático y seguro muy contrario al de la mar que periódicamente le arrancaba de su mundo construido y le enclaustraba en una cárcel pagada. El olor del hogar era diferente a cualquier otro y tenía total convicción de que aunque quedara ciego sabría reconocer su hogar por el olfato, quizás se le habría transferido algo de sus dos perros de presa que siempre le reconocían a su vuelta a casa por el olor. Sin embargo, era él quien, en ocasiones, no reconocía a su hijo, al que adoraba, ya que crecía y maduraba con más rapidez de lo que esperaba. Y sucedía que sus campañas en el barco eran monótonas y de tiempo estancado, sin embargo, en tierra la velocidad del reloj se aceleraba y cuando quería darse cuenta debía embarcar de nuevo. Finalmente, pudo quedarse dormido y soñó los labios de su esposa y su piel tibia y sedosa y fue tan grato el sueño que durmió horas y horas y cuando algún rayo de luz se colaba por el ventanal y se posaba sobre su rostro, él se volteaba y seguía soñando, aunque ya despierto, pues no quería perder ni un ápice de esa felicidad imaginada.
Así transcurrió durante cinco noches y cuatro días en los cuales no le fue provisto ni agua ni alimento. Como el cautivo no daba señales de rendición, las autoridades nigerianas creyeron conveniente devolverlo al barco, pensando no les convenía un conflicto internacional por el acopio de la otra mitad de los víveres de un solo barco exponiéndose a perder los de los venideros. Una vez incautada “su mitad”, procedieron y dieron orden de iniciar la carga. Aunque lo más lamentable no ocurría en Nigeria sino en España: la Naviera fue sorda y muda ante lo ocurrido, de hecho la importancia radicaba en que había podido realizarse la carga, eso sí, con cinco días de demora; hecho que le fue recriminado al Capitán. Pero el “Viejo” seguía siendo inteligente y continuaba en sus momentos de soledad inserto en su pañol particular pues sabía que somos la prisión de la existencia que nos habita, quedando condenada al urdir su tela la gris conciencia, por ello, su conciencia era siempre de color verde.
No tienes color de conciencia. Ni siquiera sabes cuál es tu raíz. Tus piernas que antes sorteaban ágiles la nerviosa escala de gato ahora no tienen el vigor suficiente para recorrer apenas unos metros sobre suelo llano y firme. Y tus manos, que podían con la resistencia de estachas, ahora tiemblan y se te caen las pastillas de las manos. Pero encuentras un charco y metes la punta del pie, luego el pie entero. Después, el otro. Das un pequeño salto y lanzas gotas alrededor. Saltas y giras, giras y saltas y no puedes contener las carcajadas. De pronto, una enfermera llega a tu encuentro y te dice:
- ¿Otra vez, don Antonio?
sábado, 31 de octubre de 2015
ERES
(Pinturas de Ivan Alifan)
A mi cuñada, muerta hace dos días
Eres agua que rueda
para apagar el ansia
de la sed de tus nietas.
Eres alisio que te
proclama reina magna
de tu propia libertad.
Eres fuego buscado
para quemar pasados
y encontrar tu presente.
Al final, por fin, eres.
lunes, 12 de octubre de 2015
LOS CARROÑEROS (Hecho real)
LOS
CARROÑEROS
Papá murió en una cama propiedad de un Hospital privado la
madrugada de un caluroso mes de Agosto. Su piel sonrosada y su pelo
rojizo nunca supieron soportar el calor ni los estragos del sol. Era
de esperar que su muerte sucediera en verano. Su cuerpo se lo llevó
la enfermedad del cangrejo pero su verdadera esencia sólo yo la
guardo como la mejor de cualquier herencia.
Una enfermera rechoncha y con rostro más amable del acostumbrado
avisó al médico de guardia para que confirmara lo que ya era
evidente. Y, mientras yo besaba a mi padre, sentí una muerte dulce,
suave: Su piel caliente por los residuos de la fiebre me hacían
imaginar que lo besaba mientras él dormía la noche. El clima estaba
bochornoso pero, en ese momento, una ráfaga juguetona me envolvió a gran velocidad agitando mi cabello y escapando por la ventana.
—¿Su padre tiene seguro de
decesos? Si usted quiere
yo les llamo porque a estas horas no funciona la Centralita.— Se
ofreció la enfermera, pareciendo haber engordado más en esos
minutos.
—Sí, el OCASO. Muchas gracias
porque el número no lo tengo aquí y me hace usted un favor.
Escasos minutos habían pasado y
apareció un hombre que se identificó como trabajador del Seguro y
me exigió el Certificado de Defunción rubricado por el médico de
guardia. A cambio, me entregó una tarjeta de presentación con su
nombre y número de móvil.
Una sucesión de acontecimientos
me llevaron a sospechar que algo oscuro estaba ocurriendo. Primero,
observé que este hombre les pedía a unas enfermeras que, por favor,
le dejaran una cuchilla de afeitar y jabón para asear a mi padre,
cosa que me extrañó que no lo aportara él mismo. Después,
observé que algunos auxiliares varones del Hospital le ayudaron a
subir el cuerpo de mi padre a una furgoneta blanca, sin ningún tipo
de membrete. Yo corrí hacia mi coche para no perderle en el camino
pero llegamos hasta el tanatorio sin complicaciones. Incluso me
reproché a mí misma haber pensado como lo había hecho.
Dos burras, un cajón con mi
padre dentro y cuatro velas tamaño natillas era todo lo que podía
apreciarse. Y muchas preguntas: ¿De qué material quería la lápida?
¿Las letras, pegadas o repujadas? ¿Texto que constara en la lápida?
¿Color de las letras? ¿Texto en las recordatorios? ¿Tres coronas
de flores, a nombre de quién? ¿Qué dos periódicos escogía para
editar las esquelas?...
Cuando parecía que había
llegado la calma, porque este hombre se marchó y comenzaban a llegar
los familiares y allegados, llegó el ciclón. El sol se colaba por
la puerta y dejó ver que la tapa del cajón no cerraba porque estaba
defectuosa. Entre la enfermedad de había padecido mi padre y el
calor que comenzaba a tan temprana hora, allí no se podría estar
hasta que le enterraran al día siguiente. Llamé varias veces al
móvil de la tarjeta que me había ofrecido aquel hombre pero no
contestaba. Entonces, un familiar me ofreció el número de la
Aseguradora. Ellos me dijeron que no tenían noticias sobre la muerte de
mi padre, a ellos nadie les avisó, y que no podían actuar hasta que
yo les consiguiera el Certificado Médico de Defunción de mi padre.
Volví a llamar por teléfono al móvil de los carroñeros. Tampoco
contestaron y dejé un mensaje en el que los amenazaba con acudir al
Juzgado de Guardia. Entonces me fijé que en letras pequeñas
aparecía el nombre de la funeraria Teide y la dirección. Mientras
mi madre lloraba la pérdida de mi padre y lo que estaba sucediendo,
yo volaba con mi coche hasta la funeraria. ¿Una funeraria cerrada?
¿Quién ha visto algo semejante? No paro de tocar el timbre pero
nadie contesta ni abre. Finalmente, recibo una llamada en la que un
familiar me dice que el dueño de la funeraria ha estado en el
tanatorio y le ha estregado el Certificado a mi madre antes de que yo
acudiera al Juzgado.
La Aseguradora se hizo cargo de
todo: quitaron las velas irrisorias; añadieron una cruz del tamaño de
una persona a la cabeza del cajón y a mi padre le pusieron una tapa
hermética y frigorífica que estoy segura que le gustaría. Pero
después volvieron las mismas preguntas: ¿De qué material quería
la lápida? ¿Las letras pegadas o repujadas? ¿Texto que constara en
la lápida? ¿Color de las letras? ¿Texto en las recordatorios?
¿Tres coronas de flores, a nombre de quién? ¿Qué dos periódicos
escogía para editar las esquelas?...
Sólo cuando se fueron, fui capaz
de llorar.
domingo, 4 de octubre de 2015
MISIVA DE EMILIO PORTA
(Pinturas de Vladimir Volegov)
He querido compartir este mail de Emilio Porta con todos ustedes, dándome él su permiso para hacerlo, porque cada palabra que escribe Emilio encierra la verdad y el camino a seguir y, además, ¡tan bien escrito! Gracias, Emilio, un abrazo.
Qué maravilla, Carmen, qué bien. Cuando pasas por una situación extrema es cuando valoras más las pequeñas cosas. No hay nada más grande que las pequeñas cosas. No somos mucho, solo una pequeña luz que se encendió una vez y se irá de nuevo al universo después de un trayecto... ¿Ganar? ¿Perder? No es nada. En una existencia, que para muchos es solo supervivencia desde que nacieron, en un mundo lleno de crueldad y dolor, nuestro ego es una pequeña basurilla que hay que barrer. Escribir, respirar, caminar, ser... eso es lo importante. Nada valen los honores y reconocimientos. Solo vale la memoria. Los pequeños logros... como puede ser un librito encuadernado, independientemente de que lo lean muchos o pocos. Y el afecto personal en lo vivido. Me alegra mucho tu rayito de luz, que será un haz en poco tiempo. Gracias por tu correo. Es precioso. Un beso, Carmen.
Emilio Porta
martes, 29 de septiembre de 2015
MIÉNTEME
Miénteme,
no me abandones en la agonía.
Bésame
en dulce ungüento de mi sudario.
Cúbreme
con la mortaja de tus palabras.
Disfraza
que te hipnotiza otra mirada.
Retén
un instante el ritmo del calendario.
Páliame
el dolor de la muerte. Alma mía,
miénteme.
jueves, 10 de septiembre de 2015
EL MUNDO ES DE TODOS
El cuerpecito de un niño muerto en la orilla del mar parece haber despertado conciencias para refugiar a los a los que huyen de la muerte. ¿Quiénes habrían sido capaces de adivinar que las fuerzas de huida viajarían en sentido contrario al camino tras la Segunda Guerra Mundial? Se les dará refugio y ¿Hasta cuando comenzarán a molestar en los países de acogida? ¿Serán desde el principio ciudadanos de segunda? ¿Los considerarán culpables de las desgracias de los países que los acogen?
Ahora se han despertado las conciencias pero pronto quedarán dormidas y no les interesarán despertar. No olvidemos que el mundo nos fue regalado sin fronteras ni muros de diferencias. TODOS TENEMOS DERECHO A QUE EL MUNDO SEA DE TODOS.
Ahora se han despertado las conciencias pero pronto quedarán dormidas y no les interesarán despertar. No olvidemos que el mundo nos fue regalado sin fronteras ni muros de diferencias. TODOS TENEMOS DERECHO A QUE EL MUNDO SEA DE TODOS.
jueves, 3 de septiembre de 2015
ELEGÍA A MI PRIMA ANTOÑITA
El río ha
extraviado su cauce,
La Giralda se
atormenta,
Benacazón
aprieta los labios
y Umbrete se
lamenta.
Espadas en el
corazón
por la
alegría llevada
que composta
los naranjos.
Tu útero es
la razón:
lágrimas
derramadas,
rocío sobre
tus vástagos.
¡Antoñita,
no tires pellizcos!
Me gusta tu
pelo riza’o
¡Qué
veranos aquellos!
De risas en
el sobera’o.
¡Prima,
tengo mucho sueño!
Las almas me
acunan
con un brazo
intangible
de levedad
conmovedora
que suaviza
mi amargura
pero no la
endulza del todo.
¡Prima, me
estoy durmiendo!
Mira, ya
llega tu Papa,
que se ha
convertido en Rey
de los campos
de las almas.
¡Prima, me
estoy durmiendo!
duerme, que
te cantará tu Mama
y te ofrecerá
sus pechos
como en tu
niñez te daba.
¡Antoñita,
no tires pellizcos!
Me gusta tu
pelo riza’o
¡Qué
veranos aquellos!
De risas en
el sobera’o.
viernes, 14 de agosto de 2015
SOY HAZ Y ENVÉS DE UNA MISMA HOJA
(Benazacón, Sevilla)
(Teide, Tenerife)
No
me pidas que me defina.
No
lo sabría.
Soy
el haz y el envés
de una misma hoja.
Sangre
de drago que discurre
como
litros de escritos
entre
mis venas.
Piel
aromatizada
con
efluvios de azahar y de oliva
en
atardecidas de verano.
Isla
con raíces invisibles bajo el mar
anudando
el Aljarafe.
Agua
del pozo inundando
las
chimeneas de mis volcanes.
No
me exijas que me decida.
Te
mentiría.
Soy el haz y el envés
de una misma hoja.
domingo, 2 de agosto de 2015
LA JAMUGAS
Una jamugas
Había ido a la batalla del sultán y
regresó vivo. Así lo escribió: “Todo me ha traicionado, hasta la
muerte”. Y se refugió en su jamugas donde se acomodó para
realizar lo que tenía por costumbre: dibujar en papel lo que gritaba
la lengua de su alma. Aquel asiento con respaldo encuerado y
estructura en madera de boj, con forma de tijera curvada y decoración
de taracea en marfil soportaba la prisión de la existencia que le
habitaba, ya como silla de montar ya como reposo de su cansancio. La
costumbre islámica de sentarse en el suelo sobre almohadas, hacía
tiempo que Boabdil había desterrado para adoptar, por influencia
italiana, la silla de tijera derivada del faldistorio. Era consciente
de que aquella silla era ejemplo de aceptación y coexistencia de dos
culturas: la del Islam y la del Cristianismo, la de Oriente y la de
Occidente. Cuando Boabdil tuvo que abandonar Granada, lo hizo con
lágrimas en los ojos, guardando en su interior la secreta esperanza
de que en el futuro se pudiera coexistir en paz en la tierra
bendecida por Dios y por Alá que había sido su hogar desde su
nacimiento. Su jamugas, que también observó llorar a su caballo,
fue fiel testigo.
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